La visita

De pronto se percató que los golpes que escuchaba no eran los de una ventana agitada por el viento o algo similar.
No les hubiese prestado atención de no haber sido por la gélida corriente que le corrió por el cuerpo; como una brisa helada que no movió un solo papel de su escritorio.
En ese preciso instante, sintió el ágil claqueo de unos pasos que se silenciaron justo al llegar hasta el respaldo de su silla.

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